La gran solicitud de la reproducción impresa, de la histórica y milagrosa talla gótica de San Miguel, por parte de los numerosos peregrinos y romeros que visitaban el Real Beaterio y Eremitorio de Llíria (1), mediante la fácil adquisición de obras de carácter efímero, destinadas al consumo popular -me refiero a las estampas y hojas de gozos- constituyen unos preciosos testimonios de la imprenta valenciana, además, de una importante fuente iconográfica.

 

                        Demanda que propiciaba que las ediciones se agotasen rápidamente, lo cual permitía hacer nuevos encargos a distintos grabadores, que tenían que trasladar la imagen de San Miguel, con dibujos reproducidos por medio de grafías planas a la madera, metal o piedra. Con todo ello, podemos apreciar la evolución que el arte del buril ha desarrollado entorno a esta imagen, con el fin de estampar las obras que fomentaran y extendieran durante siglos la devoción popular en honor a este Santo Arcángel.

 

                        Algo similar ocurrirá con las medallas y escapularios, realizadas por los orfebres medallistas, y también con los maestros ceramistas, aunque estos últimos solían inspirarse en los grabados, xilografías y litografías, para la confección de encargos de los diversos cuadros cerámicos, con lo que se enriquecía la iconografía del Santo Patrón de Llíria; entre los ejemplares de mayor interés destacan el que se conserva en Villar del Arzobispo y el de Llombai. Todo ello, ha hecho que esta devoción valenciana sea una de las que cuenta con un sinnúmero de reproducciones, al ser el más venerado por el pueblo valenciano después de Nuestra Señora de los Desamparados.

 

                        Las estampas más antiguas, generalmente anónimas, corresponden a comienzos del siglo XVIII, y de las que podemos citar autoría sobresalen la realizada por José Joaquín Fabregat (1768), junto con la de Vicente Galcerán (1778), Vicente Capilla (1790), Baltasar Talamantes (1797), el dibujo y grabado de Julián Más de finales de dicho siglo, y el bello grabado en cobre de C. Belda (s.a.s.l.). De mediados del siglo XIX, son las diversas y abundosas litografías, algunas incluso coloreadas, otras iluminadas, realizadas por Antonio Pascual y Abad e hijos.

 

                        La obra impresa que llevamos localizada, forma parte del importante repertorio del Archivo de Religiosidad Popular del Arzobispado de Valencia, de la sección de estampas de la Biblioteca Nacional (Madrid) y, Biblioteca de Cataluña (Barcelona). Al igual que los ejemplares que se conservan en el Museo Nacional de Cerámica y, en el Museo de la Ciudad, ambos en Valencia; los del Museo de Cerámica de Manises y también los que se conservan en colecciones particulares.

 

                        Interesantes son las planchas y tacos xilográficos llegados a nuestros días entre los que destacan los realizados por Baltasar Talamantes, sirva de referencia los existentes en la importante colección que se conserva en la Real Academia de BB.AA. de San Carlos de Valencia. (2).

 

                        En cada uno de estos grabados, estampas y litografías, Sant Míquel de Llíria aparece representado en el centro, en posición frontal, con el tipo característico de sus alas. Vestido de guerrero con armadura, como corresponde a la escultura gótica del s. XV. A finales del XVIII, se le debió añadir el faldellín de raso o seda y el manto, ambos ricamente bordados. En la mano izquierda sostiene la rodela, de este mismo costado pende la espada; el brazo derecho levantado y con la mano empuña la lanza que clava en la garganta de Satán, demonio sometido a sus pies. Monstruo antropomorfo, que aparece con aspecto semihumano, con una segunda cara en su vientre, y la que muestra en cada uno de los hombros, codos y rodillas.

 

                        A ambos lados de la figura del Santo Arcángel, con mayor o menor profusión de detalles, dependiendo de la minuciosidad de elaboración de cada uno de los artífices, suele representarse, en el costado izquierdo y a sus pies, dos de las populares beatas o “dones de Sant Miquel” (3) y en un plano posterior la villa de Lliria; en el derecho, una panorámica del cerro del Pich y el camino de ascenso a la cima del mismo donde se ubica el beaterio. Motivos todos que ayudan a completar la escena.

 

                        Todo lo descrito, conforma un primer modelo iconográfico establecido en grabado o estampa, que se repetirá con pequeños cambios para originar un segundo, con posición alterna, tanto de las beatas y vista de la población, como el cerro y beaterio; y un tercero lo constituyen las que solamente muestran al Santo Patrón de Llíria.

 

                        La representación más antigua del beaterio, la localizamos en un mapa en pergamino correspondiente al año 1.584, que lleva por titulo “Mapa de los riegos, acequias y arroces de las villas de Benaguasil, Vilamarxant, Riba-roja de Turia, La Pobla de Vallbona y Lliria” que se conserva en el ARV (4). En la parte inferior derecha se halla representada en un dibujo la villa de Llíria y en otro el eremitorio de San Miguel. A pesar de ser muy esquemático, resulta curioso y de interés.

 

                        Antonio José Cavanilles, a finales del s. XVIII y para sus Observaciones, realizó un apunte del Campo de Llíria, en el que resulta muy curiosa su representación del beaterio de San Miguel.

                      

                        De los grabados seleccionados, cronológicamente el más antiguo data del año 1725, de autor anónimo, dimensiones 890 x 1280 mm. (Ver ilustración número, 1). En el lateral derecho del Arcángel, en la cima del cerro aparecen dos construcciones separadas, que representan el edificio de la ermita, elevada sobre basamenta o plataforma, y la casa vivienda de las beatas de Llíria.

 

                        De mediados de siglo, corresponde otro grabado anónimo, dimensiones 850 x 1117 mm. (Ver ilustr. Núm. 2). En el lateral derecho del Arcángel, se muestra el recinto murado y edificios, que representan la ermita con cúpula y viviendas del eremitorio de Llíria.

 

                        Por su calidad, belleza y elegante traza, destaca el realizado en el año 1768, por José Joaquín Fabregat, (Ver ilustr. Núm. 3). Según elaborado dibujo de José Camarón, padre de Manuel Camarón artífice de las pinturas del camarín de la iglesia de San Miguel de Llíria. El lateral derecho del Arcángel, con una muy curiosa y detallada representación del beaterio. El recinto fortificado muestra dos puertas de acceso, enmarcadas por arcos de medio punto y aspilleras en dichos muros, que protegen las construcciones interiores, ermita junto a una torre o campanario y viviendas de las beatas. Otro detalle curioso es la representación de peregrinos en su ascenso al beaterio. Más toda una serie de detalles complementarios, como el torreón medieval que dio nombre al cerro de “la Torreta”, y que contribuyen a que sea el más interesante de cuantos grabados llevamos localizadas hasta el momento.

                      

                        Del año 1790, data el de Vicente Capilla, dimensiones 1003 x 1540 mm. Lateral derecho del Arcángel, muestra también detalle del conjunto de construcciones del beaterio.

 

                        De finales del XVIII, concretamente del año 1797, es el realizado por Baltasar Talamantes. Dimensiones 1400 x 2150 mm. (Ver ilustr. Núm. 4). Autor de numerosos tacos xilográficos con la iconografía de San Miguel. Este en concreto, aunque no llega a alcanzar en calidad al ya citado de Fabregat, también resulta de los más importantes, debido al desarrollo del conjunto de las construcciones del beaterio y recinto murado almenado.

 

                        A mediados del s. XIX, corresponde todo un abundante repertorio de estampas y litografías del taller de Pascual y Abad (5), según dibujos del propio Antonio Pascual y Abad e hijos. Una de ellas de dimensiones 2050 x 2270 mm. (Ver ilustr. Núm. 5). Muestra en el lateral derecho del Arcángel, un nuevo aspecto con minuciosos detalles del beaterio, que a pesar de los años transcurridos se ajusta e identifica con el perfil actual, visto desde Levante.

 

                        Entre las varias que poseemos del mismo autor, la que data de ¿1851?, de dimensiones 2050 x 2070 mm. (Ver ilustr. Núm. 6). Otra, del año 1857, de dimensiones 2285 x 3395 mm. (Ver ilust. Núm. 7). Por último citamos la de gran belleza plástica y delicadamente iluminada, del mismo año (Ver ilustr. Núm. 8). Tanto en las reseñadas como en otras salidas de su taller, siempre repite su propio modelo iconográfico.

 

                        Al finalizar el s. XIX, concretamente en el año 1895, finiquitaban las Constituciones otorgadas por Martín el Humano en el año 1406, que rigieron tras más de cinco siglos de vida eremítica en esta institución secular de las beatas y beaterio de San Miguel de Llíria, y se transformaba en una nueva y única orden religiosa bajo el nombre de religiosas Diocesanas de la Visitación. Cambios de un modelo de vida que también se reflejan en las nuevas estampas editadas a partir de entonces.

 

                        Con motivo de las nuevas Constituciones del año 1895, se tuvieron que hacer grandes reformas, de las cuales informan las Crónicas “empezarónse las obras de albañilería que eran precisas para establecer la vida en común. Solamente para Sala de Capítulos había pieza apropiada, las demás dependencias como sala de labor, de recreo, refectorio, cocina,… había que hacerlo; y como el edificio era tan viejo y de cuchovaches que ya para nada servían sobraban más de la mitad, antes de poder edificar una pieza para el servicio común era necesario derribar muchas paredes y nivelar pisos, lo cual costaba mucho dinero y no teníamos nada …”.

 

                        En cuanto a las reseñas históricas relativas al beaterio de Llíria, hemos de citar la de Josep Rodríguez (6), a comienzos del siglo XVIII, expresada en los siguientes términos “Eremitorio, plantado fobre un monte, cuya cuefta tendrá un quarto de hora de fubida; dedicado al gloriofifsimo Principe S. Miguel Arcángel, para habitación de cierta mugeres, que viven alli firviendo a Dios en foledad, y recogimiento”.

 

                        El beaterio de Llíria, fue erigido en la cúspide del cerro, ocupando una posición privilegiada, orientado a Levante y cuyo camino de ascenso era ha través de una cuesta que llegaba a la puerta principal “porta de la cadena” del recinto amurallado, cuyas llaves estaban en poder de la regidora “la qual per tot temps tinga en el seu poder las claus de les foranes portes de aquell”, y como todas las foráneas sólo puede abrirse por dentro; protegido por altas paredes o muralla, que lo envolvían en forma de poblado, y daban aspecto de fortaleza o castillo.

 

                        En su interior se levantaban un conjunto de edificaciones confrontadas, por un lado la ermita o capilla de San Miguel y por otro el conjunto de viviendas de las beatas. Separadas ambas por una calle o plazoleta cuadrada descubierta, de terreno roquizo y desigual, y a derecha e izquierda abocaban las casas en las que moraban cada una de las beatas.

 

                        Importantes reformas debió sufrir el interior del edificio en el año 1406, con motivo del otorgamiento de las Constituciones “Ordinacions i estatuts” por el rey Martín, que denominaban capítulos, y según los cuales no podía haber en el beaterio más de quince beatas. Las primitivas viviendas, pequeñas y abovedadas, y el mobiliario sumamente pobre, pertenecían a las mujeres allí recluidas, con el tiempo pasaron a ser propiedad de la comunidad. Las que se fueron construyendo más tarde, eran por lo común de dos pisos y había construidas diez y seis, y solían tener las siguientes dependencias, una pieza pequeña en forma de salita, un comedor y pequeña cocina, dormitorios casi todas tenían dos uno para la señora beata y otro para la “mancipa” o sirvienta en caso de enfermedad o bien ancianidad. En algunas había un pequeño aljibe. En el año 1731, debido a persistentes lluvias todas las celdas se llenaron de agua, por el mal estado de los tejados y paredes. La última y más reciente cita sobre la construcción de celdas corresponde al año 1792. Además, de un horno común y tres más reducidos en algunas de ellas para sus usos.

 

                        La ermita o capilla primitiva debió ser un edificio sólido y reducido de una sola nave, con varios arcos apuntados. Todavía podemos observar las dimensiones de la plataforma o base sobre la que se levantó una de aquellas antiguas construcciones, pues siempre ha ocupado el mismo lugar, aunque no ha tenido el mismo perfil. Reformada más tarde, con cuatro arcos de medio punto y fuertes pilastras para sostener la cubierta. Ampliándose y enmascarando tras sucesivas y posteriores reformas hasta cubrirse con la actual bóveda y capillas laterales. En el siglo XVII, concretamente en 1672 y debido a persistentes lluvias estuvo en peligro de derruirse la obra nueva que se estaba ejecutando. Después, vendría la elevación del presbiterio con la cúpula o media naranja, y parte de la nave de la iglesia, y por último el magnífico camarín, cuya planta o plano se hizo en el año 1756. Obra nueva a la que se accedía a través de la sacristía, que comenzó en 1768, paralizada a los pocos años; y que comienzan de nuevo el 10 de noviembre de 1794 y concluyen en septiembre de 1807, bajo la dirección del arquitecto de nobles artes de Valencia, Vicente Marzo. Costó toda la obra 65702 rs. 7 mrs.

 

                        Junto al camarín, habilitaron una celda a cada lado para las beatas encargadas del cuidado de la iglesia. Debajo de la capilla de Ntra. Sra. de los Remedios, se localiza el panteón de las señoras beatas, aunque los bajos de la iglesia de estructura abovedada, constituyen una gran cripta. Por el lado de la Epístola se entra a la sacristía nueva -la actual- construida en el año 1832.

 

                        Otras modificaciones sufrió este edificio, como fue la apertura de la nueva portada lateral de la iglesia en el año 1803, convertida en principal, para uso de los peregrinos y romeros, y al mismo tiempo conseguir mayor aislamiento o clausura del beaterio. Para ello se mutiló una capilla, y en este muro aparecieron varios arcos, uno de medio punto y otros diafragmáticos, datables de los siglos XV o XVI. A través de la escalera principal y nuevo patio empedrado del pozo se accedía a la iglesia. En este patio que conformó mas tarde la portería, estaban la celda de la campanera y la de la regidora o mayorala, al lado de la cual estaba el locutorio y en la parte posterior la calle o plazoleta ya descrita

 

                        Sin precisar fechas, también se efectuaron reformas a los pies de la iglesia, deformando la fachada, concretamente, al coro alto de reducidas dimensiones, se le añadió un arco para darle mayor amplitud, alargándose el coro bajo o “tribuna”. Durante mucho tiempo fueron dos edificaciones independientes, la capilla o ermita de San Miguel y las viviendas o reclusorio de las beatas.

 

                        Circunvala esta Real Casa un espacio que se llama la Carrera, al este de la cual hay un aljibe, donde se reúnen las aguas pluviales, y admite en su seno hasta 13000 cántaros, que les servían para todo uso y consumo. La reparación de los mismos era por parte de la Villa.

 

                        A finales de 1811 fue ocupado y fortificado por los franceses. El 29 de marzo de 1836, Cabrera se apoderó del beaterio e hizo derribar la fortificación hecha por Juan Palarea Blanes. En el año 1873 se cerró la Carrera, cercándola con los lienzos de muralla, aspilleras y garitas, que en gran parte aún hoy persisten.

 

                        En el año 1734 y por cuenta de la Villa, comenzaban las obras de desmonte del camino actual, espacioso y ancho, con rodeos que suavizan su pendiente, llamado “cuesta del Príncipe”, con un largo de 749 varas castellanas.

 

                        Las representaciones del beaterio de San Miguel de Llíria, que aparecen en grabados, estampas y litografías, de los siglos XVIII a finales del XIX, se ajustan lo suficiente y ayudan a formar una idea del mismo en aquellos momentos. La importancia radica en ser estas las únicas representaciones. La observación detallada del perfil del conjunto de las construcciones arquitectónicas, formado por el reclusorio-beaterio y capilla-ermita, nos ha servido para analizar y describir una serie de detalles que nos hablan de la evolución y reformas realizadas.

 

                        Siempre se visualiza y representa  la misma parte lateral, orientada a Levante, en donde se hallaba la puerta principal de entrada al recinto “porta de la cadena”, a la que se accedía por la cuesta que hoy conocemos como “revessa” desde las calles “Beateri” o del “Pich” este último próximo al portal de Valencia.

 

                        A finales del siglo XIX, concretamente en el año 1900, con motivo de la conmemoración del V Centenario de la erección del Real Monasterio de San Miguel de Llíria, se inauguraba el nuevo y majestuoso frontispicio, con doble puerta, blasonadas en la parte superior con el escudo de España y de la ciudad de Llíria. Cuyo aspecto comienza a reproducirse en las nuevas series de estampas e incluso en los cuadros cerámicos, cambiando por completo la referencia visual de lo que hasta entonces había sido Real Casa Heremitorio de las Señoras Beatas de la Villa de Llíria.

 

 

 

 

(1). Crónicas del Real Monasterio de San Miguel de Llíria. Manuscrito en dos volúmenes que se conserva en el Archivo del Real Monasterio de San Miguel de Llíria.

 

(2). El 26 de julio de 2006, se inauguraba en el MUVIM en Valencia, una interesante exposición relativa a estos fondos bajo el título “Impremta valenciana. Segles XVIII-XIX. Col.ecció d´entalladures de la Reial Academia de Belles Arts de Sant Carles de Valencia”.

 

(3). Pedro Sucias Aparicio, en su obras manuscrita “Datos para la historia del Reino de Valencia”, año 1911, al describir el Beaterio de San Miguel, dice “A mediados del siglo XIV había en el punto do se halla la ermita y beaterio de Liria, una pequeña casa de campo para cuidar y guardar ciertas tierras. Hubo una época en que se quedo sola la casa de campo y allí se albergaron dos mujeres devotas que deseaban hacer la vida contemplativa tomando como regla la vida de los ermitaños de San Pablo, la cual consistía en obedecer siempre a la persona más antigua que estaba al frente de la casa, comer de lo que se recogía en limosna por una de las personas de dicha casa y hablar siempre de Dios y no de las cosas del mundo”.

De ser cierta esta noticia, puede que este sea el motivo de representar solo a dos beatas y en este caso a las fundadoras del eremitorio.

 

(4). Archivo del Reino de Valencia. Signatura Mapas y Planos nº. 9. Dimensiones 820 x 650 mm.

 

(5). Civera Marquino, Amadeo. Antonio Pascual y Abad y las estampas litográficas vinculadas con Lliria. Libro de la Semana Santa en Llíria, 2005. Págs. 47-52. Llíria (Valencia), 2005.

 

(6). Josep Rodríguez. Biblioteca Valentina. València 1703-1747, pág. 602.

 

 

 

 

 

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