LA TECHUMBRE DE LA IGLESIA DE LA SANGRE DE LLIRIA, ESPEJO O IMAGEN DEL MUNDO MEDIEVAL.
Por Amadeo Civera Marquino.
Afortunadamente la iglesia de Nuestra Señora Santa María, hoy de la Santísima Sangre de la ciudad de Llíria, no sufrió como ocurrió con tantas y tantas iglesias del territorio nacional reformas estructurales a lo largo del tiempo. Ni siquiera le afectaron, las tan importantes llevadas a cabo durante los siglos XVII y XVIII, al fabricar las nuevas bóvedas y cúpulas barrocas, repletas de yeserías y esgrafiados del momento que, tanto proliferaron y contribuyeron a una recargada redecoración interior que, mutiló y ocultó, la de otras épocas y estilos existente en numerosos templos.
Todo ello, debido a la construcción “ex-novo” de la parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción en aquellos siglos, quedando aquella cerrada al culto, lo que le salvo de tan lamentables mejoras. Llegando de manera prístina a nuestros días, tanto en la estructura y cubierta, como la sencilla armadura de madera a dos vertientes. Techumbre, que se adaptó al gótico por sus numerosas cualidades, economía, rapidez de ejecución, ligereza, mejor acústica y, aislamiento térmico, adornada con tallas y dibujos que dulcificaban en parte su sequedad.
Cubierta y techumbre apoyada sobre cinco arcos diafragmas. Consta de un falso almizate o paño horizontal y faldón o paño lateral inclinado a cada lado, sostenidos por jácenas sobre las cuales descansan numerosos listones transversales, tabicas, aliceres, largueros o parecillos que sustentan los plafones y rematado por frisos. Compleja y bien trabajada carpintería policromada, donde se dejará sentir la riqueza mudéjar típicamente valenciana.
Con magnífica decoración desarrollada en el intradós de su cubierta, a pesar de encontrarse ésta en un deficiente estado de conservación debido a las filtraciones de agua y humedad, polvo y, ataque de hongos e insectos xilófagos por el transcurso de los siglos. Interesante muestra del arte decorativo medieval que, ejemplifica casi como caso único, el modelo de techumbre policromada que no debía faltar en los numerosos templos construidos tras la Reconquista de Valencia por D. Jaime I, el “Conquistador”. Envigado, el más importante desde luego entre los que de su género, subsisten en tierras del antiguo reino.
Y que tras la rehabilitación del edificio y restauración del entorno, pero sobre todo la magnífica intervención de consolidación de su cubierta, con la restauración de techumbre y decoración original, llevada a cabo durante los años 1994 - 1999, nos permite recuperar y disfrutar de todo su esplendor.
En el aspecto decorativo, dos han sido las grandes intervenciones, por un lado, la consolidación y recuperación de lo que resta de las pinturas murales que se desarrollaron por sus arcos, muros y capillas, conservadas en el lado de la Epístola, fragmentos mutilados de San Esteban, San Bartolomé, San Pedro de Verona y escenas de la vida de Santa Bárbara entre otras; y, por otro la intervención, desmontaje, limpieza y consolidación, en la decoración de la interesante y primitiva techumbre policromada. Todo un conjunto -pinturas murales y techumbre- armonioso, de gran efecto visual que le proporciona su propia belleza, y un valor singular, muy merecedor de ser dado a conocer.
Del artesonado primitivo, datable de finales del siglo XIII comienzos del XIV, y ejecutado parejo a la erección del templo por alarifes musulmanes, se conserva casi su totalidad. Parte central, con sus pares y nudillos policromados con dibujo de espiga en su canto y rosetones dorados en los plafones del almizate, faldones laterales, que por sus dimensiones albergan la mayor diversidad decorativa, rematados por frisos, perdidos éstos en su gran mayoría, unos tras la ampliación del edificio, por la construcción de capillas en siglos posteriores; otros al ser desmontados y trasladados a lo que fue capilla museo, para mayor disfrute y observación en el primer cuarto del siglo XX y, por último algunos mutilados al ser reutilizados en la reparación de la propia techumbre.
Durante las obras y desmontaje de la cubierta se han podido recuperar piezas de la propia techumbre e incluso fragmentos de frontales primitivos de los siglos XIII-XIV, que tras la restauración y conservación, aquellas reinstaladas a su primigenio lugar, dan idea aproximada de la concepción original, así como una mejor lectura del desarrollo decorativo de la techumbre.
La ornamentación figurada consiste en arquerías trilobadas góticas sostenidas por finas columnillas con variedad de capiteles que guardan parentesco con los arcos en forma de “mihrab”, con abundancia y variedad de motivos decorativos, que constituyen como en tantos casos un verdadero jeroglífico, ignorando cual es el significado completo de este programa iconográfico. Representaciones civiles con escenas de la vida popular, escenas caballerescas de guerra, caza, cetrería, juglares o cortesanas con instrumentos musicales y en menor proporción escenas de tema religioso; fauna estilizada o miniaturas fantásticas, dragones o quimeras y, águilas o grifos; motivos florales puramente decorativos, llenos de entrelazados geométricos, estrellas y, heráldica, entre la que destaca y generaliza el propio escudo de armas de la Vila de Lliria, representado por la “flor de lis o lirio” junto con las insignias reales “lo senyal del rei” palos de la Corona de Aragón, por ser nuestra población “vila reial”, desarrollada a ambas caras de las vigas. También se localiza epigrafía musulmana y cristiana.
Narrativismo expresivo, delicadeza y realismo de las figuras humanas y animales, preponderancia de lo dibujístico sobre lo propiamente pictórico, es decir, preferencia de la línea sobre la gradación de matices, la inserción de las escenas sobre fondos monocromos, combinando elementos góticos con musulmanes.
Solo se intenta representar el paisaje mediante simples elementos alusivos, tales como árboles, arbustos o flores, esquematizados en notable desproporción con las figuras. Sometimiento a la ley del marco, presencia de motivos de relleno sobre el fondo, disposición simétrica de figuras y geometrismo aplicado incluso a los temas vegetales.
Esquematismo figurativo con que aparecen imágenes aisladas o formando grupos, de acuerdo a veces, con modelos extraídos del mundo de la fábula oriental, el mismo gusto por un cromatismo sensual y rotundo similar al empleado en los tejidos árabes y sasánidas, subraya el evidente substrato islamizante de esa decoración.
La minuciosidad de ejecución se debe a que las piezas eran decoradas antes de su colocación definitiva. El procedimiento a seguir fue aplicando primero sobre el dibujo o motivo el color como relleno, después, dibujando contornos durísimos de gentil trazo.
En estas pinturas encontramos, todo un repertorio iconográfico que se desarrollaron en vigas, plafones, almizate,... de la Sangre. Un repertorio -¿Quién puede dudarlo?- de los signos del Zodíaco; así un hermosísimo Géminis, o un Piscis varias veces repetido, o Leo, o Sagitario… Pero sobre todo en estas pinturas veo flotar el espíritu que dio vida a la célebre obra, tan difundida por toda Europa desde el siglo XII, de Herrade de Landsberg denominada “Hortus deliciarum”.
Su multiforme realidad icónica se enmarca dentro de los programas alusivos a la “imagen del mundo”, tan típicos del siglo XIII. Imagen o “speculum” en el lenguaje de Vicente de Beauvais, que toma cuerpo en los programas iconográficos de las catedrales en sus cuatro capítulos dedicados al espejo de la naturaleza, de la ciencia, de la historia y de la moral. En Llíria sin embargo no ha sido tomada al pie de la letra dicha intención programática, aparte de alteraciones y sustituciones sufridas por parte de determinadas piezas de la techumbre, pero aquella idea matriz se mantiene.
En opinión autorizada de Salvador Aldana, profesor de Historia del Arte, “estamos en presencia de una Imagen del Mundo hecha color en plafones, frisos, vigas y almizate”, y además “el hecho de que la riqueza pictórica todavía existente, no permita establecer las líneas de un programa icnográfico; no nos cabe la menor duda de que el programa existió, que fue una persona docta la que lo ideó y que hábiles pintores –o pintor- lo realizaron, con o sin la colaboración de mudéjares. ¿Podríamos estar en presencia de una Psichomaquia repetida -eso sí- con ritmo musulmán que otorga una nueva cadencia al tema cristiano?”.
Y también Antoni Furió, del Departamento de Historia Medieval de la Universidad de Valencia, se expresa en los siguientes términos sobre nuestro magnífico templo “Iglesia de la Sangre, monumento tan singular que, a su propia belleza artística, une un gran valor documental, iconográfico, sobre la sociedad medieval”.
Para poder contemplar con detenimiento estos techos, dotados de un sistema de iluminación adecuado, se debería haber montado un sistema de pasarelas y puentes que hicieran accesible el espacio, como se ha hecho en otros lugares citemos a modo de ejemplo el instalado en la catedral de Teruel o en el convento de Santa Clara en Salamanca, entre otros.
Que la techumbre de la iglesia de la Sangre de Llíria era una obra capital de la pintura valenciana lo sabíamos todos pero desde ahora, pasa a ser una pieza clave dentro de la pintura gótica europea por su técnica, por su iconografía, por su simbolismo internacional. Uno de los conjuntos iconográficos y decorativos más importantes de la Baja Edad Media, por ofrecerse en él toda una compleja y a veces no poca enigmática cosmovisión del mundo medieval coetáneo.
